miércoles, 29 de junio de 2011

Pisado perfecto.

Miré el cielo, mientras atravezaba el patio que siempre me llevó a tu encuentro. Con las manos ocupadas en lo que sería tu cena o tu almuerzo o tu abrigo. Pero aquel hoy, el perverso platillo no era para tí. Las cosas están más claras que antes. Cambié mis ropas y estoy satisfecho porque encontré mis ojos, los encontré en mi cabeza ¡justo ahí! en un nuevo medio corazón que me revienta las costillas, atrofiadas y malditas baras de calcio, barrotes de mi alma ¡las amo! todo es tan hermoso que se nos escapa de las manos, nos quema y lo dejamos caer. Es simplemente todo tan hermoso, aplastado contra el piso.